Mucho más reflexivo y emocional que el diagnóstico médico, la representación y el debido proceso, el proceso de adaptación del proceso médico y el tratamiento.

 

Duelo por diagnóstico

Enfrentarse a un diagnóstico puede generar un estado de alerta frente al futuro. A medida que se comprende lo que el pronóstico implica, la forma en que se percibe la vida cambia, lo que trae consigo cambios en diferentes áreas.

Por ejemplo, se crean restricciones en la alimentación, en lo social o en lo laboral, mientras se intenta entender lo que está ocurriendo. En muchos casos, este tipo de diagnóstico también se comparte con personas cercanas, quienes pueden reaccionar desde sus propios miedos e incertidumbres, generando inestabilidad emocional, lo que puede llegar a afectar el estado físico y provoca una sensación de angustia.

Por esto, además del diagnóstico y las dolencias físicas, llega la ansiedad y el miedo. Se crea un cambio en la forma en cómo nos percibimos, originando una desconexión con quien se era antes y con quien se soñaba ser en el futuro. Y este es solo uno de los posibles escenarios frente a un diagnóstico.
Desde la psicología, entendemos que los duelos implican cambios emocionales, cognitivos y conductuales. El duelo no solo aparece ante la muerte, también puede surgir tras el diagnóstico de una enfermedad, implicando un proceso de adaptación emocional (Bautista Morales et al., 2024).

En el caso de enfermedades crónicas, este duelo puede ser recurrente debido a las múltiples pérdidas que se experimentan a lo largo del tiempo (Formación Psicoterapia, 2025). Y es que no solo se enfrenta un momento inicial, sino también cambios progresivos, deterioro físico o nuevas limitaciones. Esto implica un proceso de duelo dinámico. Es como si todos los días se despidieran de quien eran y de quién soñaban ser.

En este proceso pueden aparecer pensamientos de incredulidad, desesperanza o catastrofismo; así como emociones intensas como angustia, enojo, sensación de injusticia o pérdida de identidad, similares a las que se experimentan en otros tipos de duelo.

Además, el diagnóstico puede impactar otras áreas como la economía, especialmente cuando existen limitaciones laborales o dificultades en el acceso a servicios de salud.
Estas experiencias pueden llevar a cuestionamientos profundos sobre el sentido de la vida y el futuro.

Por todo lo anterior, es esencial tener un acompañamiento. Para este caso, la terapia cognitivo conductual ha demostrado ser efectiva en la reducción del malestar emocional y en el proceso de adaptación (Eccleston et al., 2021). Esto se debe a que trabaja sobre la relación entre pensamientos, emociones y comportamientos, facilitando nuevas formas de afrontar la situación.

Algunas acciones que pueden ayudar en este proceso son:

  • Lleva registro de los síntomas y observa cómo influyen en tu vida diaria.
  • Resolver dudas médicas para comprender mejor el diagnóstico.
  • Información sobre el tratamiento y sus efectos.
  • Construir habitos de autocuidado.
  • Buscar espacios de apoyo, como grupos o redes que compartan experiencias similares.
  • Permitir hábito de lo que sientes.
  • Intenta centrarte en el presente, reconociendo tu realidad actual.

El acompañamiento psicológico puede ser un espacio importante para comprender lo que se está viviendo y encontrar nuevas formas de relacionarse consigo mismo y con el entorno.
No podemos controlar algunos diagnósticos, pero si podemos aprender cómo llevar a delante el proceso. No se trata de dejar de sentir, sino de aprender a atravesar lo que duele con mayor apoyo y comprensión.

📚 Bibliografía

  • Bautista Morales, MC et al. (2024)
  • Eccleston, C. y col. (2021). Terapias psicológicas para el dolor crónico.
  • Radbruch, L. y col. (2020). Redefiniendo los cuidados paliativos.
  • Parro-Jiménez, E. et al. (2021). Quejas complejas: revisión sistemática.